25 de mayo de 2026
¿Cómo era aquello? “Puedo escribir los versos más tristes esta noche, por ejemplo…”
Algo asíe sucede a mí esta noche. Me adormecí triste como no lo había estado desde hace tiempo y cuando desperté el dinosaurio seguía ahí. Y me miraba también él con ojos tristes y alicaídos. Hay tristezas que son como líquido derramado sobre el alma. Ésta, de tanto sentir su propia pena, se va hundiendo poco a poco entre las médula del ser dejando éste ahíto de melancolía y pesar. No, no se trata de asuntos de amores, tristeza por amigos irrecuperables, tristeza del alma, esas cosas que en el mundo de hoy, tan avanzado, tan rodeado de estímulos por todas partes, desecharía como basura sentimental. Lo práctico, el dinero, lo útil, lo que te ayuda a trepar en la sociedad, ha absorbido hasta el tuétano cualquier atisbo de vida en la que el individuo pueda encontrarse consigo mismo y su mundo interior. Exagero, lo sé. Pero al menos eso parece cuando abres el periódico de cualquier parte del mundo, cuando observas el trajín de la gente o a esos pasajeros del Cercanías que vuelven a casa rotos por el cansancio, insensibilizados a cualquier sutileza mental que haya querido rozar su mente.
Sí, una vez tuve un amigo y estos días lo echo de menos. Un día se despidió y no quiso saber más de mí. Le echo de menos. Tuve una novia en la edad tardía que también desapareció y no volví a saber nada de ella. También la echo de menos. Hoy departimos largamente mi cuñado Raúl, Victoria y yo sobre montones de asuntos relacionados con la mente, la conciencia, los sentimientos. Imposible encontrar un hilo conductor, algo que nos llevara a comprender la realidad un poco, sólo un poquito. Nada, ni él desde la barrera del pensamiento occidental, ni yo acudiendo a la cultura oriental, éramos capaces de sacar algo en claro. La realidad y el modo cómo el cerebro trata de atraparla como si fuera una trucha bajo el agua, eran herramientas inútiles. La afirmación de “sólo sé que no sé nada”, atribuida a Sócrates a través de Platón, se acerca bastante a esta sensación de confusión con la que solemos percibir el mundo y su realidad. El único modo de percibir la realidad con un poco de cohesión pasa por conseguir un vacío en la mente capaz de ponerte en comunión con eso que llamamos el Todo. Eso o subirte a una montaña y pasar allí la noche a contemplar el firmamento :-) . Si le digo esto a mi cuñado con el que conversé esta tarde, seguro que habría pensado que me falta algún tornillo.
Toc, Toc… y entra la enfermera a retirarme la bandeja de la cena, de la que me había olvidado totalmente. Así que me voy a cenar.
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ResponderEliminarLa sensación de desconexión entre la consciencia humana y el mundo moderno... Yo creo que es lo que estás buscando, todo lo demás gira alrededor de eso.
ResponderEliminarEse hilo que se te resiste podría estar, precisamente, ahí, en la consciencia de la fragilidad. Todo lo que mencionas comparte una misma condición: nada permanece. Las personas desaparecen, las ideas fracasan, la comprensión se escapa, el ánimo cambia, e incluso uno mismo deja de ser quien era hace unos años.
Quizá ese vacío mental del que hablas no consista en dejar de pensar, sino en dejar de exigirle al pensamiento respuestas definitivas. Hay verdades que solo pueden respirarse, no formularse.
Y quizá ese hilo conductor no sea comprender la realidad, sino compartir la incertidumbre con otros antes de que también desaparezcan.